Estoy extremadamente aburrido. No hay nada para hacer en el trabajo, internet solo me entretiene hasta el mediodía y, si pasada esa hora no entró laburo alguno, el día se empieza a hacer cada vez más lento. Los minutos se parecen a las horas, se hacen aguados, sin gusto, incoloros, inodoros. Para peor, no tengo la más mínima gana de ponerme a escribir algo, no me siento motivado. Es martes y las noticias del fin de semana ya se esfumaron. Los lunes nunca pasa nada y los diarios de hoy hacen lo que pueden para mantenernos despiertos al menos una hora. Es martes, el día más largo de la semana en la oficina. Ya tomé bastante mate, seguir tomando sería tratar de engañarme. La cuota de entretenimiento a raíz de la yerba y compañía ya está cubierta.

Es necesario ir por otros frentes. Ya son casi las 13 hs y falta aproximadamente una hora para que sea la hora del almuerzo. Sesenta crudos minutos que pasarán lentos, con paso cansino. Podría adelantarme, podría calentar la tarta ahora, nadie más que yo me obliga a esperar una hora más.

Nadie más que yo sabe que si me adelanto, la segunda parte se va a hacer eterna. ¿O acaso pensás que las horas duran lo mismo? Claro que no. La primera pasa casi en unos parpadeos, en un par de saludos, en prepararse para lo que viene. Pero en la segunda parte, después de almorzar, con sueño, ahí te quiero ver. Ahí entre las 15 hs y las 15:20 hs, hasta los segundos duermen la siesta. Cuando pase ese lapso de tiempo, todavía quedarán otros ocho iguales o peores. En esos momentos es cuando uno se confunde, se marea, cuando empiezan a empujar las ganas de trabajar. Sentís que estas blasfemando al querer eso. Lo reprimís por un lado pero por el otro deseas que aparezca tu jefe y qué te diga las palabras mágicas que otrora las intentaste evadir como pudiste. “Hay que hacer esto”.

Es el momento del día para alcahuetear, para sobarle el lomo. Ante la posibilidad cada vez más lejana de que haya algo para hacer, pero chance al fin, siempre es mejor adelantarse y así de paso quedar como empleado ejemplar. “¿Hay algo para hacer jefe(nombre de pila)?”. Nos encontramos ante tres probables respuestas. La casi segura es un NO rotundo, sino claro ya te lo hubiera dado. La otra sería “Sí, espera que lo estoy preparando”, que no nos hace quedar bien ya que ni está pensando en que fuiste hasta ahí sino que está preocupado armando el futuro trabajo.

La última y creo que la mejor sería “Ehh, no, bah pará ahora que me preguntás, sí, podés ir haciendo esto si querés”. La mejor respuesta. No solo te va a sacar del tedio y te hará olvidar del reloj por un rato sino que además quedaste bien. Pero es martes, son las 13:26 hs y todavía faltan como dos horas para ese momento. También falta más de media hora para la tarta, empiezo a tener hambre y bastante ansiedad. Pienso que si no hubiera traído el tupper de casa al menos perdería algo de tiempo yendo a comprar comida. Pero claro, eso implica gastar más. ¿El tiempo vale oro entonces?

Llego como puedo hasta las 14:00hs, con el último aliento, con el estómago en plena barricada. Me mando la tarta recalentada en solo seis minutos. Lavo el tupper, voy al baño, le saco charla a alguno de por ahí, pero como los lunes no hubo fútbol, o al menos no un partido importante, el diálogo se muere rápido. Vuelvo a sentarme frente a la computadora que me mira y se ríe, se me ofrece entera. Vuelvo a los portales de noticias con la esperanza de que alguna bomba haya caído en algún país lejano, o que de repente a la FIFA se le haya ocurrido armar la lista de los mejores caños de la liga suiza, o simplemente las fotos de las treinta mujeres de james Bond a través de la historia. Paseo por esos lugares un rato, pero no aparece nada, no hay goles, ni tetas, ni refugiados.

Me acuerdo que tengo una cuenta que pagar. Nunca me alegró tanto una factura del agua. Voy hasta el Pago Fácil. Solo dos personas antes que yo en la fila. Es una oficina nueva en el centro, y parece que pocos nos enteramos. Vuelvo con menos plata y con menos tiempo.

Acá estoy otra vez, sobre el cómodo sillón. Sigue siendo martes. Son las 15:22 hs. Ya pasó la comida, la digestión y el primer lapso eterno de veinte minutos. Entró trabajo. Que cagada, que ganas de estar al pedo, este martes.

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