Pasaron dos meses, 13 días, 9 horas y 38 minutos desde la última vez que nos vimos. Me acuerdo como si hubiera sido ayer, pero no quiero entrar en detalles por miedo a que se me escape una lágrima. Dicen a veces que el tiempo lo cura todo, pero no creo que siempre sea así… En esta ocasión me parece que a veces solo quedan dos cosas por hacer. Y digo dos, porque no me gustaría entrar en un mundo de posibilidades del que después no pueda salir y me vea excusándome con ustedes por algunas decisiones que tomé.

Como les decía, creo que solo quedan dos opciones que puedo elegir para olvidarme de ella. Primero, la más fácil, sangrienta y seguro la menos adecuada: tirarme del piso 13 de la terraza de mi casa. Sí, no se asusten, que aunque parezca una loca y absurda idea es la verdad. El tiempo no cura, pero la muerte por lo menos puede hacernos olvidar… ¿no? Igual no quería llegar a este punto de la charla. Porque la realidad es que aunque se me cruce por la cabeza esta es solo una estúpida y cobarde idea que me resuena cada tanto cuando sus ojos verdes se me vienen a la mente.

En esos instantes no pienso en otra cosa que poner la mente en blanco y olvidarme de todo. Y ahí es cuando surgen esas ideas psicóticas suicidas que no terminarían en buen puerto. Creanme que lo digo y lo pienso a sabiendas de que la vida es una sola, y desaprovecharla con algo así sería lo más estúpido que habría hecho en mi vida después de dejarla sin razón alguna.

Ahora viene la segunda opción. Esta la incluye a ella y también a la muerte. Pero quédense tranquilos que ustedes, por lo menos, no se van a manchar las manos con sangre…

La idea es muy simple y estoy seguro de que varios de ustedes lo hicieron antes en algún momento de sus vidas. Y sí, es matarla. Eliminarla de la faz de mi tierra como lo hacen los mejores francotiradores de Irak. No dejar rastro alguno de nosotros dos, de nuestro amor, de nuestras risas, abrazos, llantos y peleas. De dejar atrás esas veces incontrolables en las que hacíamos el amor sin parar. De las tardes de series sin abrir las persianas y las noches de ojos achinados intentando entender porqué el mundo es así como es.

Cómo pienso hacerlo se estarán preguntando. Bueno, de nuevo, no se preocupen que no tienen que mancharse las manos de sangre, y para su tranquilidad: yo tampoco… Voy a eliminarla. Sí, voy a desetiquetar todas las fotos que tenemos juntos y bloquearla en Facebook. Voy a hacer lo mismo en Instagram y Twitter. Esas fotos que teníamos juntos en las playas de México ya no van a existir más. Ni en las redes ni en mi computadora. Va a ser un recuerdo inventado por mi en mi cabeza y nada más.

Por más que Pearl Jam sea mi banda favorita, el show en el Estadio Único va a ser sólo un sueño en lo más profundo de mi inconsciente. Aunque me duela no tener en mi memoria a Eddie Vedder cantando Yellow Ledbetter en Buenos Aires, el video que filmó desde la platea y compartió en su muro ya no forma parte de mi historia. Y mucho menos esa tarde que la “caretee” en el cumpleaños número 99 de su abuela Juana. No, no llegó ni llegará a los 100. Por lo menos para mi…

De esa manera estos dos meses, 13 días, 9 horas y ahora 42 minutos no van a ser más que un mero y efímero resplandor de mi mente sin recuerdos. Porque ahora sí, la eliminé de mi vida, la maté, la saqué de mi cabeza. Ahora ya no es parte de mí y no aparece entre mis amigos de Facebook. Ahora es solo un simple invento de mi imaginación…

 

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