“2×1”, se lee y se escucha en todos lados. ¿Un Big Mac? ¿Una promo de una marca de cerveza? ¿El último manotazo de ahogado de una compañía de celulares para conseguir clientes?

No, esta vez el 2×1 no es una promoción para que consumas más. Esta vez no vas a ver carteles por la calle que lo vendan ni vas a escucharlo en la radio. No, porque esta vez lo vas a sentir en serio. Te va a doler más que nunca. Se te va a clavar en lo más profundo de tu pecho. Vas a ver cómo la memoria y la justicia se entierran en una incomprensible ley para salvar a aquellos, los pocos, que no deberían ser salvados. Nunca. A los que nos arruinaron y nos entregaron. Los que fueron parte y serán de la peor infamia de nuestro país. Sí, parte de un 2×1 que atenta contra nuestra historia…

Te voy a ser sincero de movida: nací en los ‘90, no viví ni fui parte del peor capítulo que pasó la Argentina. Tuve la suerte de llegar al mundo en democracia, aunque rara y criticable, democracia al fin. Leí, estudié, miré y escuché todo lo que pasó. Lo lloré y lo grité en libros y películas. Me lo contaron. Pero como casi todo amigo, familiar o conocido de mi generación, siento de alguna manera que sí fui parte. Porque la lucha y la justicia llevada por millones de argentinos para mantener viva la memoria, se hizo carne en mí desde el primer momento en que sentí la frase “Nunca Más”.
Frase que hoy, lamentablemente, se pone en jaque por una promoción malparida que parece ser sacada de la peor cadena de comida rápida del mundo.

Por eso hoy más que nunca se hace fuerte y realidad el grito de León cuando cantaba en La Memoria: “el engaño y la complicidad de los genocidas que están sueltos, el indulto y el Punto Final a las bestias de aquel infierno”. Porque hoy, sí en el año 2017, en vez de hablar de nietos recuperados, nos amenazan con la posibilidad de ver por las calles a esos que escribieron con sangre y desapariciones que Argentina era sinónimo de muerte y desesperación.

Y aunque todavía no tengas muy en claro de qué se trata este infame dos por uno, aunque no te duela tanto escuchar a un juez hablar con liviandad sobre el pasado, por más que tengas mil cosas en la cabeza y no tengas tiempo de salir a gritar “Nunca Más”; acordate que todo, sí todo, está clavado en la memoria.

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