Un domingo como hoy de hace 28 años, un riojano patiyudo ganaba las elecciones presidenciales en nuestro país. Yo apenas tenía 6 meses y 20 días, no tengo ni idea de lo que decían los diarios y noticieros. Lo que estoy seguro es que nadie pudo anticipar que aunque fuera un 14 de mayo de 1989, ese día habían nacido “Los 90”.

¡Qué corra la espuma!

Para la mayoría de nosotros, El Turco fue nuestro primer presidente. Durante su reinado aprendimos a gatear, criamos Tamagochis, entramos a la primaria y nos conectamos al cable.

Nada entendíamos del juego democrático y la alternancia de poderes. Éramos demasiados chicos para dimensionar el impacto de sus políticas. ¿Privatización? ¿Uno a uno? Creo que ni siquiera los más grandes lograban entender.

“Si todos lo apoyan, seguro que está bien”.

Lo que si se entendía, era lo que mostraba la tele. El presi y Los Rolling. El presi en Ferrari. El presi con el Diego. El presi con la cinta de Capitán. El presi bailando con odaliscas.

¡Qué clara la tenía el Presi! Por eso todos concluyeron en que se merecía una segunda oportunidad. El genio cambió la Constitución y se aseguró la reelección, algo que hasta ese entonces estaba prohibido.

Posta, ¡Qué clara la tenía!

Otro 14 de mayo, pero esta vez de 1995 con el 49,9% de los votos (¿Yo no lo voté?) Saúl asumía su segundo mandato. Él estaba contento, su familia no tanto. Hacía dos meses su hijo varón Carlos JR había muerto en un accidente de helicóptero. Zulema, la primera dama, hablaba de un atentado encubierto por el propio presidente.
No era la primera vez que lo acusaban de tapar pistas. Para ese entonces ya habían explotado la Embajada de Israel y la AMIA y no había un solo detenido.

También, habían saltado a la luz algunos quilombitos bajo el lema “corrupción”.
Hay uno en particular que aunque era chico siempre me llamó la atención. Al riojano lo acusaban de contrabandear armas a Ecuador que en ese momento estaba en guerra con Perú. El detalle: Argentina se había comprometido a ser garante de paz en ese conflicto. ¡Ups!

También, lo acusaban de vender armas a Croacia, época en la que la ex Yugoslavia estaba en plena guerra de separación. El detalle: la ONU, de la cual Argentina es miembro, había prohibido venderle armas. ¡Ups! ¡Ups!

Pero la cosa no quedó ahí. En el 95, la fábrica de armas de Río Tercero, Córdoba, explotó. “Accidente” dijeron. Y entre los escombros encontraron siete muertos, doscientos heridos y ninguna prueba de las armas vendidas al exterior.

¡Menem lo hizo!

Mientras tanto nosotros cambiamos el auto, compramos la Nintendo, nos mudamos a un departamento más grande y viajamos al exterior.

Y si alguno todavía no podía acceder a nada de esto, él les prometía más: viajes a la estratósfera para estar en una hora en Japón.

Llegaron los relojes con calculadora, los hipermercados y el Windows 95. En paralelo, aumentó el número de personas que no podían pagar ni siquiera un pan.

Así sin darnos cuenta llegó 1999. El Turco hizo las valijas y se volvió para Anillaco.
Hoy, casi unánimemente se lo nombra en forma despectiva. Incluso algunos ni lo nombran y los que le aplaudieron todo dicen no conocerlo. Las variaciones de su apellido son sinónimo de derroche y excesos. Lo cierto es que hubo una época en que en Argentina nadie quiso perderse la pizza y el champán, incluso sabiendo que no había faina para todos.

Voy a gobernar para los niños pobres que tienen hambre y los niños ricos que tienen tristeza.”

Carlos Saúl Menem

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