Nos mudamos con la promesa de que seremos libres. Creceremos, nos encontraremos con cosas nuevas; con la mejor de las suertes hasta nos encontraremos con nosotros mismos. Nos mudamos para construir un universo propio, hacernos dueños de una rutina que tenga nuestra firma de autor y dejar de ceñirnos a una que nos es ajena. Nos mudamos solos para aprender y desafiarnos. Para invitar amigos y hacer lo que queramos, para coger en paz, para no dar explicaciones que nos irriten, para que nadie nos obligue a nada. Mudarse es comprar libertad.

Pasar a vivir solos es el objetivo 2018 de muchísimos y muchísimas que quieren dar un paso importante. Tachado de mi lista 2017, pasé el frustrado objetivo para este año y, finalmente, lo logré. Tengo un departamento en el cuál existir sin testigos. Dispongo de un espacio en donde puedo colgar lo que me gusta, decorar como me plazca, no lavar y ser caos en libertad. Tengo una llave que me garantiza una zona liberada, una heladera para no tener que salir por días y Wi-fi para crear sin que nadie me joda. Tengo todo, excepto que me siento engañada.

 

“Cuando termines el colegio vas a hacer lo que quieras.

Cuando termines la facultad vas a poder elegir.

Los primeros trabajos nunca son los ideales.

No te vas a quedar en este trabajo para siempre.

¿Y si hacés un master para re enfocar tu carrera?

Es solo un saliente, no te tenés que casar, no tiene que ser perfecto.

No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo…

resista.”

 

¿Cuándo termina la espera?¿Cuándo nos dejamos de prometer libertad y la ejercemos? Puede que sea la edad o la cantidad de tiempo que paso sola a raíz de mi gran paso inmobiliario, pero me puse a pensar que esto de mudarse solo es un poquito como una trampa. Resulta que hay pasos pseudo obligatorios en la vida de una persona que son impuestos exclusivamente por dos motivos.

El primero, tiene que ver con dar una sensación de que todo esto – la vida- tiene sentido. Existen para marcar el rumbo y dar la idea de que vas recorriendo un camino que lleva a algún lado. Hay niveles delimitados que ir superando. De esta manera, reducen la potencial angustia existencial que algunos humanos puede sentir (y a la que otros son inmunes).

El segundo motivo por el cual existen estos “hitos” o “pasos a seguir” tiene que ver con lograr que gastes plata a toda costa y por cualquier motivo. El capitalismo es el sistema más completo del universo. Está en todos lados: en tus emociones, en tus hábitos de consumo, en tu capacidad de juicio moral, en tu cama, en tu baño. No ha dejado terreno sin conquistar.

Mudarse solo, comienzo a creer, es uno de esos hitos que existen por una mezcla de estos dos motivos: inventar niveles y gastar plata. Uno siente que logra algo y, a la vez, es empujado a una espiral de gasto descontrolado que jamás terminará hasta el día que dejes de respirar. Al que se muda hay que regalarle algo. El que se muda debe comprar muebles, electrodomésticos, mierdas varias. Las opciones son infinitas, miren por ejemplo el APOYA CUCHARAS que descubrí el otro día caminando por un shopping. Irresistible artilugio si los hay, ¿quién podría sobrevivir sin uno?

Gas, agua, expensas. Se rompió el tubo del tubo del tubo, y hay que llamar a un plomero y un super héroe. Te falta sal, te falta aceite, te faltan servilletas, te falta una alfombra para no desnucarte cuando salís de bañarte. te falta- te falta -te falta. Ganás lo básico pero te falta. Tenés todo, no podés quejarte, pero te falta.

A este estado de carencia constante lo acompaña un panorama devastador: las probabilidades de que seas un inútil urbano son del 88,9%. Lugares como Easy (supermercado) representaran un infierno terrenal para todos aquellos que jamás asimos un martillo. Caños, serruchos, lámparas de mil formas, artefactos de metal, tuercas, soluciones infinitas a problemas marcianos. El Easy es un disparo al alma de cualquier aburguesado urbano que se ha salido con la suya hasta que alguien le pide que desatornille un pituto medio oxidado ¡Malditos avezados en el arte de hacer cosas concretas!Como consecuencia, todo nos sale un millón de pesos, sin distinción entre tirar abajo una pared y ajustar un tornillo; porque todo es igual de desconocido.

El combo es devastador y vivir sola no es lo que esperaba. Mejor dicho, es exactamente lo que creía; pero nada tiene que ver con las falsas promesas de libertad que los demás presagiaban y justificaban con total seguridad y anécdotas personales. Una vez más me prometieron que algo iba a cambiarme la vida y no hizo más que aburrirme o generarme incomodidad. A mis 27, casi 28 años, es hora de aceptar que en mi historia las cosas importantes e increíbles nunca fueron las que los demás me anticiparon. Tampoco las cosas que me parecieron difíciles o las que más dolieron. Todo siempre me tomó por sorpresa y en poquísimas oportunidades los pronósticos fueron certeros. Supongo que solo queda darle la bienvenida a lo inesperado.

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