Existe un lugar en el mundo donde ser mujer es una bendición. Donde llevar pollera es sinónimo de lucha, pasión y determinismo. Un país en el que los principales puestos de poder en el gobierno y las empresas llevan taco aguja y rouge. Pero lamentablemente ése país no es Argentina… No, su nombre es Islandia y más allá de sus bajas temperaturas; muy poco sabemos al respecto.

El 24 de octubre de 1975, reconocido por la ONU como Año de la Mujer, las mujeres en Islandia decidieron parar. Y cuando digo parar, digo exactamente eso: se tomaron el día libre, no fueron a sus trabajos, ni cuidaron a sus niños, ni asistieron a clase; decidieron parar todas sus actividades para llamar la atención del pueblo y manifestarse por la igualdad de género. Para protestar por sus bajos salarios, la falta de reconocimiento a su rol en la sociedad y las desigualdades con los hombres. Decidieron parar, porque de esa manera tarde o temprano las iban a escuchar.

Mujeres islandesas marchando en 1975

Ese día Islandia también paró: los locales no tuvieron quien los atienda, las fábricas se llenaron de niños que tuvieron que ir con sus padres a trabajar y los hospitales no tuvieron enfermeras que cuidaran a los pacientes. Es decir, las mujeres lograron demostrar que sin ellas el país no funcionaba.

Fue el 90% de las mujeres islandesas las que se sumaron a las protestas y se congregaron en lugares públicos. Y el desenlace fue el más esperado: cinco años después Vigdis Finnbogadottir, una madre soltera nacida en 1930 en la ciudad de Reykjavík, fue elegida democráticamente como la primera presidente mujer del mundo. Y no solo eso, mantuvo su lugar durante cuatro releecciones…

¿Impresionante no?

Vigdis Finnbogadottir

La cosa no terminó ahí: entre 2008 y 2010 Islandia sufrió el peor colapso bancario de su historia -muy parecido al nuestro en el 2001. Sus tres bancos más importantes quebraron y ellos eran los que manejaban casi el 100% de su economía: la deuda externa se elevó a 50.000 millones de euros. Sí, los hombres volvieron a meter la pata. Y las mujeres se volvieron a poner los pantalones…

Leyes anti-corrupción, los chorros todos presos y una nueva economía floreciente donde la mujer tuvo un rol fundamental: por ejemplo, por obligación el 40% de las juntas directivas de las empresas y los directorios estatales tienen que estar comprendidos por mujeres -pero este no puede exceder el 60%, lo mismo para los hombres.

La economía creció, pero no para estabilizarse, sino para estar mejor que nunca. Y eso, en parte, gracias a la igualdad de género.

Y en 2016 todo cambió para siempre -o casi siempre: la brecha salarial entre mujeres y hombres, que hasta ese momento rozaba el 10%, terminó de cerrarse luego de que una vez más las mujeres islandesas decidieran parar y demostrar que sin ellas el país no funcionaba. Logrando entonces no solo la menor diferencia entre salarios por género del mundo, sino también la mayor igualdad de derechos. Un ejemplo, que hasta el día de hoy, intenta ser imitado pero que muy pocos llevan a la práctica.

Esta historia, la de Islandia, nos sirve de ejemplo para saber y entender que parar, luchar y gritar para defender nuestros derechos no es sólo necesario; sino también una obligación. Sigamos peleando por un mundo para cerrar la brecha y eliminar poco a poco esas diferencias que nos separan entre hombres y mujeres.

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