Junio ya nos dio el Día del Padre, el Día de la Bandera, el Día del Periodista, el Día del Libro, el Día de la Gente de Mar y hoy, miércoles 28, el Día Internacional del Orgullo LGBT.

En nuestro país, probablemente esta fecha pase un poco desapercibida, pero en este momento en varias ciudades del mundo millones de gays, lesbianas, bisexuales, travestis y heterosexuales, están copando sus calles con banderas de colores y pancartas con reclamos.

Capaz que te estás preguntando, ¿Por qué esta gente nos tiene que contar a todos que está orgullosa de su orientación sexual?

Para entender un poco, vamos a hacer un poco de historia.

El 28 de junio de 1969 en Nueva York, un grupo de policías entre civiles y uniformados realizó una redada en el bar gay Stonewall Inn. En esa época, estas redadas (inspección de documentos, averiguación de antecedentes y detención de algunos participantes) eran comunes en los boliches gay. La homosexualidad estaba prohibida en casi todo el país. Todavía era considerada una enfermedad mental para la Asociación de Psiquiatría Norteamericana. Si te diagnosticaban “de loca”, podías terminar internado en un manicomio y ser tratado con terapia de electrochoques o mediante la castración.  Además, si en tu trabajo sospechaban que pateabas para el otro lado te despedían y si tu familia se enteraba, quedabas expulsado de casa de por vida.

Este contexto hacía que las redadas policiales no generaran demasiada resistencia. Nadie quería que mamá se enterara que el nene había sido detenido por no ser tan machito.

Pero ese 28 de junio algo cambió. En el bar había alrededor de 200 personas. Los oficiales empezaron a pedir documentos y muchos no quisieron mostrarlo. Algunas travestis se negaron a ir al baño para que les revisen si tenían pitito o vagina. La policía arrestó a los que pudo y los que quedaron en libertad, en vez de irse a casa sin decir nada, se quedaron en la puerta del bar.

Esto atrajo a varios curiosos que andaban o vivían por ahí. Cabe aclarar que el bar, que todavía existe, queda en el Greenwich Village, uno de los barrios más bohemios, artísticos, hippies y liberales de Nueva York.

Al poco tiempo en la puerta del Stonewall había unas 500 personas. Dicen que la unión hace a la fuerza, asique imaginate a 500 tipos hartos de que los humillen.

Gays, travestis y lesbianas empezaron a tirarle botellas, ladrillos y piedras a la policía. Estos quisieron dispersar las protestas pero los manifestantes los superaban enormemente en número y fuerza. Los policías que habían quedado adentro del bar fueron sitiados y los detenidos que estaban adentro de las patrullas fueron liberados.

Los gays se calzaron los huevos y por primera vez en la historia dejaron a la policía como los maricones del cuento.

Los días siguientes las protestas siguieron. Ya no eran solamente gays, lesbianas y travestis, también eran sus amigos heterosexuales que estaban hartos de que pisoteen a sus seres queridos.

Durante esa época, se creó el Frente de Liberación Gay (Gay Liberation Front), la primera organización que incluía la palabra gay en su nombre y que sentó las bases para la lucha organizada de gays y lesbianas. También, se fundaron los periódicos Gay, Come Out! y Gay Power, como una alternativa a los medios tradicionales.

Algunos participantes del Frente de Liberación Gay (Gay Liberation Front) fundaron su propia organización porque consideraban que el FLG se estaba corriendo de sus objetivos ya que dejó de protestar únicamente por los derechos de los gays y abrazó cualquier causa “de izquierda” como la lucha contra el capitalismo.

Este grupo formó la Alianza de Activistas Gay (Gay Activists Alliance). Entre sus formas de protesta se destacó el ZAP que consistía en tomar por sorpresa a un político en una entrevista y acto público y obligarlo a hablar sobre los derechos del colectivo LGBT.

Una protesta del Frente de Liberación Gay.

En marzo de 1970 hubo una nueva redada policial en un bar gay de Nueva York, el Snake Pit. La policía arrestó a varias personas entre los que se encontraba Diego Vinales, un estudiante argentino. Por miedo a que lo deporten y llegar a nuestro país con la etiqueta de puto, Diego se tiró del segundo piso de la cárcel dónde quedó detenido y cayó sobre una valla que lo atravesó. Aunque sobrevivió, el New York Daily News publicó en su tapa una foto muy gráfica del cuerpo ensangrentado de nuestro compatriota. Parecía muerto.

Tapa del New York Daily News

En respuesta, el Frente de Liberación Gay y la Alianza de Activistas Gay organizaron una protesta en la comisaría que convocó a más de 500 personas y una vigilia en el hospital en el que Diego quedó internado. A su vez, miles de personas le escribieron cartas al alcalde Nueva York pidiéndole que por favor terminara con las redadas en bares gay.

Al poco tiempo, se cumplió el primer aniversario de las protestas de Stonewall y en conmemoración, se hizo la Primera Marcha del Orgullo Gay. Al año siguiente se realizaron marchas en otras ciudades como Londres, Berlín Oeste, París y Dallas; y en 1972 en Miami, Washington y Filadelfia.

Recién en 1992, a 8 años y pocos meses de haber vuelto la democracia, se hizo la primera marcha del Orgullo en Buenos Aires. Dicen los que fueron que había solamente 250 personas y que la mayoría usaba máscaras por miedo a que los reconocieran y perdieran sus trabajos. En 1997 la fecha de la marcha se corrió para noviembre en conmemoración de la fundación de Nuestro Mundo, el primer grupo homosexual de Argentina y Latinoamérica.

Desde ese 28 de junio de 1969 a hoy pasaron varias cosas. La Asociación de Psiquiatría Norteamericana sacó a la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales. En la mayoría de los países de occidente ya no te mandan a la cárcel por ser gay y en varios, las parejas homosexuales pueden casarse y tener hijos.

Sin dudas, todo esto se logró gracias a que un día un grupo de personas se hartó de que les dijeran que no podían ser como ellos eran. Y aunque a la vista está que consiguieron más de lo imaginado, son muchos los que creen que todavía es necesario seguir fomentando el orgullo por uno mismo, que en definitiva quiere decir poder respetarse y no sentir vergüenza por quién uno es.

Porque la realidad, es que pese a todos los avances, todavía son muchas las personas que son discriminadas dentro de sus familias, sus trabajos o en la calle por no encajar ni a la fuerza con ciertos estándares sociales.

Este año, por ejemplo, en Córdoba a Lucas Monteró lo echaron del local de ropa dónde trabajaba por no tener una imagen masculina; en Buenos Aires a Germán Tosto y su novio los cagaron a palos y a cinturonazos por estar abrazados; y en una plaza de Morón un grupo de policías obligó a dos chicas a dejar de abrazarse por estar haciendo algo inmoral.

Como estas cosas pasan, y probablemente sigan pasando, la consigna hoy es: No tengas miedo y digan lo que digan, senti orgullo de vos mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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