Rousseau decía: “La  marihuana es buena por naturaleza, la sociedad es lo que la corrompe”. O algo por el estilo, pero bueno la cuestión es que ya llegó a las manos del Estado.

Hace no mucho, a fines de marzo, en Wacho celebrabamos la salida en Argentina de la ley del cannabis medicinal, una medida esperanzadora pero insuficiente (ya que no contempla la situación de los autocultivadores). Si bien no es el eje de este artículo, aprovecho para decir que recientemente se conoció que se ha cumplido el plazo de sesenta días y la ley no está reglamentada. Las familias de los involucrados siguen esperando. Las palabras de Soraya Chisu de Cameda y madre de Katrina, paciente con encefalopatía crónica no evolutiva y epilepsia refractaria, retratan la situación:

“Desde que el Congreso votó la ley hasta ahora perdimos a dos nenes de Cameda. Uno de cuatro y otro de diez años. ¿Cuánto resiste un cuerpito chiquito que convulsiona cientos de veces por día? Muchos llegamos tarde al cannabis: mi hija ya tiene daño hepático y renal. Queremos que a los que vengan no les pase lo mismo, que desde el día uno puedan tratarse con cannabis. Pero mientras esperamos, se nos muere gente”.

Mientras esperamos, vamos a lo que nos compete hoy. Hace mucho menos aún, ahora en julio, Uruguay se transformó en pionero mundial al convertirse en el primer país en autorizar la comercialización de la planta de marihuana para uso recreativo, en lo que es la materialización de un plan que tuvo Pepe Mujica con objeto de  “arrebatarles  a los narcotraficantes este mercado”. Esto se suma a la despenalización  del consumo y del autocultivo de hasta seis plantas. Si bien respeto las intenciones del Pepe, creo que el fin no justifica los medios.

En mi opinión, y llámenme gata flora, pero a mí me gusta tener la libertad de inyectarme mayonesa si así lo quiero, pero no me gusta la idea de que el gobierno venda a la vuelta de la esquina jeringas con aderezo.

Muchos usuarios se regocijan con esta noticia, algunos otros, más desconfiados, levantan polémicas, entre ellas: si esta medida realmente cumple con su objetivo de combatir el narcotráfico (los índices, luego de la despenalización del consumo y autocultivo dicen lo contrario, si bien es poco el tiempo evaluado) , o si es correcto que se le entregue la producción a dos empresas privadas multinacionales que además hicieron lobby para que la medida vea la luz (claro, si es legal como el tomate porque no lo pueden comercializar todos, incluidos pequeños productores) y hasta otras más conspirativas como que el Estado quiere producir una cepa con alto poder narcótico para adormecer y dominar al pueblo a lo “Un mundo feliz” de Aldous Houxley.

Todas estas, dan para largas discusiones, pero hay una cuestión que nadie puso en tela de juicio y que me parece tan controversial como importante destacar. ¿Por qué en farmacias?

Legal o no, es una droga de uso recreativo con efectos perjudiciales para la salud, al igual que el tabaco o el alcohol, y si estos últimos no pueden venderse en farmacias, ¿porque la marihuana sí? ¿Por qué un farmacéutico que estudió una carrera que tiene como fin la promoción de la salud, tiene que poner su matrícula para que el Estado haga, por un lado su trabajo y por otro, un negocio?

Cuando leí las primeras notas sobre este tema, ningún diario argentino planteaba esta discusión. Cuando amplié un poco mi búsqueda a diarios de Uruguay y otras partes de Latinoamérica, esta vez sí encontré lo que me suponía: el reclamo desesperado de la Asociación de Química y Farmacia del Uruguay (AQFU) que se viene resistiendo a la salida de esta ley desde que se empezó a discutir, y cuyo antecedente más concreto es una campaña de recolección de firmas online en el año 2014, que evidentemente no tuvo sus frutos. Mucho mejor que yo, explican sus preocupaciones  los colegas uruguayos en los textos de las peticiones de firmas:

“Las farmacias están insertadas en el sistema de salud y los químicos farmacéuticos han estudiado para ayudar a la gente a tener vidas más saludables. Participar en la distribución de drogas para uso recreacional no sólo va contra esta filosofía, sino contra las obligaciones éticas de los químicos farmacéuticos” 

“Como en el caso de las bebidas alcohólicas y los productos del tabaco, la marihuana para uso no medicinal no debe distribuirse en farmacias. Esta distribución dañaría la imagen de la farmacia en la sociedad y disminuiría la percepción del riesgo y los daños de consumir marihuana”.

Como esto no fue suficiente, la presidenta de esta institución, Virginia Olmos, intentó ampararse luego en organismos internacionales como la Federación Internacional de Farmacias, el Foro Farmacéutico de las Américas y la Federación Farmacéutica Panamericana, pero ni siquiera estas pueden plantarse ante los gigantes titiriteros que se esconden obscenamente detrás del Estado vecino.

Aunque siguen pataleando, estos trabajadores de la salud no tienen otra alternativa que cumplir la ley.

También pensaba, si se diera el caso de que algún consumidor sintiese que el producto no es lo que esperaba o incluso que se “intoxicó” con el producto de alguna farmacia, ¿el farmacéutico sería el responsable?… ¿la cara visible?…

Así como en Argentina muchos pacientes son damnificados por la inoperancia del Estado, en Uruguay hoy en día lo son los farmacéuticos. Mañana puede ser que le toque a otro sector de la sociedad y los usuarios tienen todos los números. Por eso me parece que esto nos concierne a todos y no quería dejar de difundir este justo reclamo, que todavía no había podido cruzar el charco.

Para descomprimir, vamos a terminar algo más simpático, un poco de mitología. La foto del encabezado de este artículo es la copa de “Higea”, hija del dios griego de la medicina “Asclepio” y encargada de la preparación de los remedios. La serpiente enroscada representa la sabiduría del farmacéutico capaz de convertir el veneno en medicina, a través de la dosificación.

Esta serpiente, a lo largo de la historia ha sabido transformar muchas drogas de uso recreativo en derivados con utilidades terapéuticas, como el opio (Ej: Loperamida, Codeína), la cocaína ( Ej: procaína) o el cornezuelo del centeno (Ej: Ergotamina) y también puede hacerlo con la planta de marihuana. Nada tiene que ver esto con comercializar sustancias sin fines medicinales.  En nuestro querido vecino, las serpientes están siendo sometidas y obligadas a entregar al pueblo el atractivo veneno que llena la copa.

 

Por: Farm. Ergueta

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