¿Cómo es una mujer?
¿A donde tiene su garganta?
Los ovarios comienzan por las fosas nasales y atraviesan los pulmones.
Me duele todo.
Me duelen las modelos:
María, Casandra y la chica de la pantalla.

No dejo de pensar en todos esos vómitos.
Se me enredan los dedos de los pies.
Vómitos, una y otra vez, comida escondida debajo de la cama.
2×15, x 365… aproximadamente 11.000 vómitos contados.

Las trompas de Falopio crecen hasta el esófago queriendo sanar.
Y me duele la garganta.

Conocí una fiesta de 15 el mismo día que un hospital psiquiátrico.
Era yo. Pero más chiquita. Y tenía una fiesta… Pero mamá quería que vaya.
Porque especialmente yo, era importante.
Era cerquita de casa.
Había pasado por esa esquina incontables veces.
Y ahora estaba ahí, encerrada.
Las trompas de Falopio, encerradas.

Se abría una puerta. Se cerraba.
Se abría otra. Se cerraba.
¿Cual era la locura?
Ahí estaba ella.
Por su propia voluntad.
Con su sabiduría anestesiada.

Y yo pensaba en su belleza.
Algunas luces encandilan.
Y lo sabe, pero no lo sabe.
Y se asusta.
Y se siente terriblemente.
Sola.
Y no puede con la humanidad.
Y no puede hacer otra cosa, más que destruirse,
Para compartir los días con quienes le impiden la felicidad.
Y se enoja.

Muchísimo.

Dolor.
Disimulo.
Brushing.
Conversamos.
Vestido.
La quiero.
Fiesta de 15.

Yo no sé porque.
Pienso en mí… mientras vomito.
Me siento en mí.
Vómito. Todo ese vómito que se me cayó encima.
Todo eso que limpié y me dolió. Y no supe cómo.
Sin que nadie nos viera.
Sin que yo me vea.
Para tener algo más lindo.
Lo estético.
Antes que lo ético.
Todas esas veces que golpeo la puerta del baño porque quiero que salga de ahí.
Toda esa incomprensión estructurada.
Toda esa evidente oscuridad.

Pero me veo ahora.
Ya pasaron los 15.
Ya pasó mamá, papá, ya pasaron las distancias.
Pasó el primer beso, el amor, el sexo y la homosexualidad.
Ya pasaron las amistades sagradas.
Ya pasaron los viajes increíbles, la música salvadora.
El valor desmedido, ya pasó.
Pasó todo lo que hizo falta para llegar a ser mujer.
Mujer y adulta.
Porque para ser mujer y adulta, hay que olvidar.
Porque llegué a la fiesta de 15 y estaba tan feliz de dejar de sentirme tensa. Que fui al baño. Le conté a mi amiga. Algo así, muy por encima y me fui a bailar.
La consigna era olvidar, todo.
Solo sentir, para ser feliz.
Para hacer algo lindo.

“Es muy peligroso que te olvides tan rápido de ese malestar.”
Porque disfruto tanto de que así lo siento yo,
que quiero que lo disfrutes conmigo.
Porque trato y trato y trato y puedo transmitirle mi amor.
Y ahora entiendo que mi amor no alcanza.
Porque me miro a mi misma y estas ahí adentro.
Y no quiero dejarte ir, porque acá estas segura.
Porque siempre te voy a querer cuidar,
aunque bien sepas que no pueda hacerlo.

Porque me da miedo.
Porque me desintegro.
Porque no sé cuándo cicatriza la herida.
Ni se las marcas que deja.
Y sobre todas las cosas porque cada uno tiene su propia llave.

Y pienso sociológicamente.
¿Que es ser una mujer?
¿No es como ser cualquier otra persona?

Los zumbidos se agudizan.
Volumen, corazón, palpitaciones… vómito.
Sobre mí. Y sobre mis recuerdos.
Y acá estamos hoy.
Sanando.
Y hay vida todavía.
Y mientras hay vida hay danza.
Y mientras huimos entre los árboles, por la noche y hacemos conjuros para que llueva y llegan las inundaciones… y mientras te busco tristemente de madrugada en la gran ciudad… te extraño.

Muchísimo.

Porque también antes eras una mujer hermosa.
Y también eras el fuego que existe bajo las aguas.
Y me busco a mí misma, sin vos.
Y concilio con la existencia
y hago oda al amor
y a la riqueza cálida.

Y entiendo que todo sucede para que aprendamos algo.
Y miro el cielo detrás de los bananos y agradezco la luz de esa estrella y la oscuridad detrás de la estrella y el infinito que llevamos adentro.

Por Adela Petra

Imagen Ana Lanusse Homse

 

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