Si tuvieras que elegir una palabra que defina al 2017 , ¿cuál sería?

¿Mapuche? ¿Submarino? ¿Puntita? ¿Latorre?

Para la editorial yanqui Merriam-Wbster, no fue ninguna de estas. Basados en las búsquedas que las personas hicieron este año en sus diccionarios digitales, ellos consideraron que la palabra del año fue “FEMINISMO”. Según ellos, durante el 2017 las búsquedas relacionadas a este término aumentaron en un 70%.

Aunque yo no haya sido parte de los que buscaron esta definición, si puedo asegurar que nunca como este año hablé tanto sobre feminismo. Casi siempre lo hice en forma indirecta, sin hablar exactamente del término sino más bien de todo lo que lo rodea.

La última charla la tuve el domingo pasado. Caro, la novia de un amigo, me contó que estaba leyendo El segundo sexo de Simone de Beauvoir, un libro que reflexiona sobre el rol que a lo largo de la historia se le asignó a la mujer. Ella me dijo que, aunque era consciente de que el mundo para las mujeres está un poco mejor, todavía experimenta injusticias que la enojan: “Hay veces que me dan ganas de romper todo”.

En un tono mucho más edulcorado, acorde a su forma de ser, una compañera mía del laburo me dijo algo similar hace dos semanas.

“Progresar en un trabajo es muy difícil para una mujer. Te frustrás y querés largar todo”.

A lo largo del año, diálogos como estos tuve miles. La gran mayoría fueron con mujeres, pero cada vez más seguido las estoy teniendo con mis amigos hombres.

Por lo general, cuando hablo con ellos la cuestión gira en torno a cómo nos posicionamos nosotros frente al feminismo. Algo que encuentro seguido es una especie de barrera inicial, como una postura un tanto de choque. Casi siempre se da porque no terminamos de entender qué es el feminismo y qué busca.

¿Quiere el sometimiento de los hombres? ¿Plantea una guerra de sexos? ¿Es una dictadura con tetas ?

Las respuestas a estas tres preguntas son NO.

Aunque existen demasiados autores que definen al feminismo y que según su perspectiva le dan al término varios matices, hay una definición que es común y es básicamente la que aparece en el diccionario.

Según Merriam-Wesbter: es “la teoría de la igualdad política, económica y social de los sexos” o “la actividad organizada en nombre de los derechos e intereses de las mujeres”.

Según la Real Academia Española: es “la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”.

Es decir, el feminismo es algo mucho más humano. Es la búsqueda de la igualdad.

Muchos probablemente digan: “esa igualdad ya existe”, “nada les impide a las minas hacer lo mismo que  los hombres”.

Aunque es verdad que en países como el nuestro ya no hay barreras legales  para las mujeres, lo cierto es que todavía existen muchas trabas sociales y culturales, que aunque no están escritas siguen teniendo peso.

La economía es donde la desigualdad se siente más fuerte. Según datos de la oficina de Estadística y Censos de Capital, las mujeres en la Ciudad de Buenos Aires ganan un promedio de $ 14.033 al mes y los hombres $ 17.492, es decir un 24,6% más. Además, por cada hora laboral ellas reciben en promedio $102 y ellos $111.

Esto repercute directamente en cualquier plan que ellas puedan tener. Por ejemplo, para sacar un crédito y comprar un departamento una mujer necesita 24 sueldos más que un hombre, es decir dos años más de trabajo.

Lo mismo sucede con otro tipo de planes como pueden ser desde la compra de un auto hasta el porcentaje de ingresos que cada uno tiene que destinar para comida, ropa, vacaciones o estudios.

Esto pasa básicamente porque a las mujeres les cuesta más acceder a puestos de trabajo calificados, muchas veces porque tienen que repartir su tiempo entre el laburo y la casa. Según el INDEC, 9 de 10 mujeres dedican un promedio de 6,4 horas diarias a trabajo doméstico no pago mientras que 5 de cada 10 hombres le dedican 3,4 horas.

O sea que ellas tienen que conseguirse un laburo que les de plata y además les permita tener tiempo para cuidar a sus hijos y mantener la casa (que también es como un segundo trabajo, pero no reumnerado).

Y para las que no tienen que cuidar de un hogar, ¿su situación está mejor? No, dentro del ámbito laboral a las mujeres no se les termina de dar el mismo rol que a los hombres.

Una amiga mía que trabaja en un bróker de seguros con todos compañeros hombres, me contó que aunque todos son sus pares cada vez que un gerente quiere un café solo se lo piden a ella.

Esta concepción que hay sobre los roles que la mujer debe desempeñar en una oficina, también se traducen en los puestos que ellas alcanzan. Según el informe Mujeres en el Mundo del Trabajo hecho por el Ministerio de Trabajo argentino las mujeres acceden a una menor cantidad de puestos jerárquicos que los hombres y  a los que acceden son en general “gerencias con menores remuneraciones como, por ejemplo, las de administración o recursos humanos, a diferencia de los varones que suelen ocupar las gerencias financieras, de ventas, o productivas, mejor remuneradas”.

El feminismo lo que busca es revertir esta situación. No quiere que los hombres ocupemos el lugar que hoy les toca a las mujeres, quiere que estemos en pie de igualdad. De hecho, reconoce que al hombre también se lo estigmatiza y por eso combate conceptos que a nosotros nos limitan como que “tenemos que ser el sostén económico del hogar”, “demostrar sentimientos nos hace maricones” o “tenemos que tener la fuerza suficiente como para enfrentar cualquier peligro”. Es decir, el feminismo también nos defiende.

Aunque su nombre esté íntimamente ligado a la mujer, el feminismo no es una teoría/ ideología propia de ellas. También, nos corresponde a los hombres tomarla. No se trata de que nosotros estemos peor para que ellas estén mejor, se trata de que los dos estemos bien.

 

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