Por Pato Mecozzi

En medio del nuevo complejo habitacional del barrio Los Álamos, un edificio llama la atención en comparación con los demás. La causa es clara, el mural pintado por Milu Correch obliga a los ojos de cualquier transeúnte a contemplar la bella figura.

¿Pero qué hace un mural elogiado por especialistas del mundo enclavado en un barrio de Quilmes? La respuesta es que detrás de la linda imagen se encuentra el ambicioso proyecto “Pintá tu barrio”, un movimiento que intenta engalanar las calles de la ciudad mientras aporta una mirada social y cultural a las barriadas más olvidadas de la zona.

Gerardo Montes de Oca se embarcó en una tarea titánica en 2014. Este profesor de la Escuela N°24 incentivó a sus alumnos de la Isla Maciel, un área cargada de prejuicios tanto propios como ajenos, a idear un proyecto que lograra cambiar la imagen del lugar y ayudar laboralmente a los vecinos. De esa propuesta nació “Pintá la Isla” y tuvo tal éxito que Gerardo ahora “exportó” la iniciativa a su Quilmes natal.

-¿Eligieron al arte urbano como motor por alguna razón particular?

-Yo soy profesor de artística y por motu proprio empecé a dar en mi materia la parte de arte urbano. A mi nunca me lo enseñaron y sentí que estaba bueno poder mostrarle a los chicos sobre esta nueva modalidad. Para las academias el arte urbano era algo de los vándalos que están en la calle, pero hoy por hoy varios de estos artistas son muy reconocidos en el mundo. Exponen en el MoMA y en otros lugares. Empecé a mostrarles a los chicos videos de artistas, tanto de afuera como nacionales y empezamos a fantasear con la idea de que podían venir a pintar al barrio. Los chicos se reían y me decían: “no profe, ¡que van a venir acá a la isla!”. En ese momento había una subestimación de ellos mismos sobre su propio barrio. De a poquito esos artistas empezaron a acercarse. Ya esos chicos se recibieron, muchos están en la facultad, pero a veces pasan y me dicen “profe, tenías razón”.

-¿Y cómo crece hoy por hoy “Pintó la Isla”?

-El año pasado empezamos con una agencia a traer turistas que vienen una vez por mes. De ese dinero un 60% va a los vecinos. Ayer hubo un tour que hicieron los vecinos solos, ya es el tercero que realizan. Yo me alejé para que ellos tomen la posta y a la vez, para que mejore la experiencia. Ayer tenían que mostrar unos videos del proyecto pero hubo un inconveniente y no los pudieron proyectar. Camila, que es una nena de 12 años de la isla, armó un taller de dibujo y pintura para los turistas. Terminaron haciendo una reinterpretación de lo que estuvieron viendo en el barrio. ¡Les encantó tanto a la empresa como a los turistas! A pesar de que estoy trabajando ahí yo sigo siendo de afuera, qué mejor que ellos para mostrar lo que es su barrio.

-¿Los vecinos tienen idea de cómo hacer crecer el proyecto?

-La realidad es que todavía se están armando y siempre son los mismos. Cuesta hacer participar a la gente porque también cuesta hacerles ver que en eso hay una fuente de laburo. La idea no es convertir a la Isla Maciel en un segundo Caminito. La propuesta es mostrar el barrio tal cual es, su esencia y que los vecinos de ahí, que están estigmatizados y les cuesta conseguir laburo, puedan ver en esto una salida laboral. Por tour mas o menos son diez mil pesos que sacan, no es mucha plata pero si vos podés hacer por fin de semana dos o tres es otra cosa. Una chica del barrio hace la traducción, el circuito de murales lo llevan a cabo dos pibes que pintan ahí y una señora con otro vecino hacen la comida. Tienen que entender que si esto explota van a tener que poner el lomo para hacerlo seguir adelante. A mí me encanta esto porque es turismo comunitario. La idea es cambiar la realidad del barrio; antes no querían entrar porque tenían miedo de que les roben, por todo el estigma que tiene el barrio. Como en cualquier zona te pueden afanar, pero si empezamos a ver que esos turistas que vienen son una fuente de trabajo, van a empezar a respetar al vecino y al barrio también. En las calles donde uno ve que hay más actividad, donde la gente toma mate en la vereda o uno puede ver a los chicos jugando, no son lugares tan inseguros. Todo lo contrario.

-A la isla han ido artistas de todas partes del mundo, ¿creés que esto se deba a que se apunta a un mensaje más allá de pintar un mural?

-Como es fomentando por los artistas nuestros, también viajan y conocen a gente de todas partes. Cuando vienen se contactan con la gente de acá y le preguntan dónde pueden pintar y les responden que si quieren pintar tranquilo está la isla, obviamente saben el enfoque del artista porque es una experiencia diferente. No es lo mismo ir a pintar a Palermo que meterte en un barrio, con los chicos, con la gente, con su cultura. Te vas empapado de otra historia, en cambio si vas a Palermo Hollywood no encontrás un vecino promedio argentino. No digo que esté mal, pero tiene otro sabor. Cuando arrancamos en Los Álamos vinieron unos chicos a pintar y los vecinos terminaron haciendo un asado y generando una relación de amistad.

-¿Hubo un cambio en la mentalidad del barrio desde el incio del proyecto a lo que es ahora?

-El vecino cuando te ve pintando no se acerca tanto porque cree que necesita tener un conocimiento, pero como hay otros proyectos que lo vinculan con su barrio se terminan sumando. Hacemos talleres de muralismo, pero no es que el vecino ya sale a pintar, no es tan fácil. Si a un artista le cuesta ponerse a hacer un cuadro imaginate a  alguien que no tiene esa formación. Por eso “Pintó la Isla” es un proyecto más que de arte urbano; es  pretencioso, soñamos con algo grande. Queremos sacar a la gente a hacer otras cosas fuera del barrio, queremos que haya un ida y vuelta. Dos chicos de acá que pintan, Gonzalo y Camila, fueron al Centro Cultural Recoleta a una muestra y hasta participan de eventos de arte urbano fuera de acá. No es que estamos yendo a la isla porque es la isla, sino que hay un potencial que está bueno mostrarlo afuera también.

-Te referiste a que en los últimos años se empezó a reconocer al arte urbano en todos los ambientes artísticos, y así pasó con el mural que Milu Correch hizo en Quilmes para “Pintá tu barrio”, que fue elegido como uno de los mejores siete murales del mundo por el sitio especializado holandés “Street Art Today”.

-Si, el mural está acá a cinco cuadras, Milu es una artista de nuestro país pero que viaja por todo el mundo pintando. Mediáticamente explotó y nos sirvió para difundir el proyecto. Igualmente siempre lo digo: el arte es subjetivo; lo que a mí me puede parecer una maravilla a otro no. Por eso intentamos traer artistas que vayan desde la abstracción a otros que sean cubistas. La verdad es que fue gracioso que pase, ¿quién dice cuál es el mejor mural del mundo? Como argentinos tenemos mucho esa mentalidad que cuando nos reconocen afuera nuestro laburo vale, pero acá hay mucho talento que no se lo reconoce porque muchos eligen no salir afuera a pintar.

-¿Cómo ves al muralismo en otros lado de la provincia?

-Muchos municipios, como también el Gobierno de la Ciudad, hacen mal uso del arte urbano. Arman proyectos tremendos que si bien convocan artistas y les pagan (y eso está buenísimo) no hacen nada con la gente de esos barrios. En La Boca se organiza hace años el Color BA, se invierte una cantidad de plata terrible: se ponen grúas, andamios, se traen artistas de todos lados pero atrás de las paredes de ese mural hay familias con un montón de necesidades. En Quilmes hay dos empresas que nos están dando una mano para traer a los artistas y pagarles, pero los que vienen saben que no se les va a pagar lo mismo que cuando hacen un trabajo privado, porque no es lógico. No te puedo pagar treinta mil pesos un mural si en ese barrio hay una familia muriéndose de hambre. Parte de tu trabajo es entender y colaborar con ese contexto. Ojo, esta es mi verdad.

 

-Tanto en la Isla Maciel como en Quilmes, ¿tuvieron apoyo de la intendencia para ver si podían colaborar en la idea?

-En Avellaneda tuvimos un acercamiento donde hicimos una muestra de fotografía, vino el intendente y cortó la cinta. Nos conocen, pero evidentemente hay algo que no les cerraba para ayudarnos, tengo entendido que ellos se manejaron siempre con los que son parte de su bandera partidaria. Creo que en general en la política hay muy pocos que realmente creen que la cultura es importante. Cada dos por tres quieren cerrar las escuelas de Bellas Artes, no entienden que la cultura es una herramienta para formar personas críticas y creativas. Un niño creativo lo va a ser para toda la vida.

-¿Y en Quilmes?

-El municipio nos da la pintura y las grúas; en realidad le pidieron a dos empresas que nos ayuden, es decir que aunque la plata no la ponen ellos sí hicieron la gestión para conseguirla. Y creo que este año el objetivo es que el municipio invierta.

-¿Los fueron a buscar a ustedes o ellos se acercaron para pedir ayuda?

– No, me vinieron a buscar a mí después de ver el trabajo que hicimos en Isla Maciel. Igualmente, a veces no tiene que ver con el municipio sino en la gente que te cruzás. En Quilmes está Matias Montini, que es escultor y no viene de un palo político, pero  tiene las herramientas para decir “hagámoslo”. A mí me cuesta más hacerlo en Quilmes con todos los recursos que hay, que en la Isla. Hay mucha cuestión burocrática, a veces el material no llega porque quedó trabado un papel o el chofer que maneja la grúa se tiene que ir. Igual sino fuera por esto, murales como el que hizo Milu no se podrían hacer, ojalá en algún momento en los municipios haya secretarías de muralismo que tengan todos los recursos para no tener que molestar a nadie. En algún momento se va a dar pero creo que ahora hay cosas más importantes para hacer. Igual está bueno que se empiece a tener en cuenta a la cultura.

-¿La idea sería replicar lo que se hizo en “Pintó la Isla” en Quilmes?

-Sí, la idea es que como ahora tenemos la posibilidad de tener dinero para pagarle a los artistas, hacerlo. Si la gestión de Quilmes se va a llevar sus laureles, los artistas tienen que cobrar. En la Isla no, porque sigue siendo un proyecto autogestivo. La plata que se junta ahí es para comprar material o para el barrio.

 

-¿Qué planean para este año?

-Tenemos que ver cuál va a ser la forma de trabajo de este año, pero teníamos ganas de llevar otro tipo de talleres, como por ejemplo sobre la violencia de género, no para darlos yo sino que se sume gente que quiera participar para hacer algo en conjunto.

 

Fotos: Mariano Óscar

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