Son las 5.30 am y mis ojos se abren de un momento a otro. No hay lagañas, no hay pesadez, no hay sueño. Es la tercera vez en la semana que me levanto así y no le encuentro explicación. Pienso que quizás las horas de sueño se acumulan y que el tal vez en los últimos meses dormí mucho y ahora me toca parirla. Pero no, ni siquiera recuerdo haber descansado tanto.

Agarró la almohada, le doy unos golpes para reacomodarla y vuelvo a apoyar la cabeza. Siento un poco el frío por haberla cambiado de lado y creo, por unos segundos, que encontré la solución. Pero de nuevo, los ojos siguen más abiertos que nunca y no encuentro síntomas del sueño dando vueltas por mi cabeza. ¿Me habré vuelto sonámbulo y todo esto es parte de un sueño del que no puedo salir? Esa sería la idea más “paranormal” y “excitante” para las 5.35 am; pero la realidad es que más que sonámbulo me transformé en un boludo con insomnio.

Es la cuarta vez que prendo y apago el aire acondicionado de mi cuarto. No sé si tengo frío o calor, si quiero taparme o destaparme, si quiero estar de costado o mirando para arriba. El mundo de las indecisiones volcado en mi cuerpo. ¿Qué carajo me pasa?

Decido prender la tele para ver si aunque sea el tiempo empieza a pasar más rápido. Me acuerdo que son las 5.37 am y que es obvio que no voy a encontrar más que un enlatado o una repetición. ¡Pero está Netflix! ¡Dios lo salve! Le pongo play a los dos últimos capítulos de The End of the Fucking World. Me los devoro en menos de una hora y por un instante siento que el insomnio era cosa del pasado. No, me sigo mintiendo a mi mismo…

6.30 am y todavía estoy acá. ¿Se podrá adelantar el tiempo? Digo, ya que voy a estar despierto prefiero irme a trabajar más temprano y volver a casa antes… ya tengo la respuesta. Mi cabeza sigue dando vueltas con preguntas sin respuestas: ¿Renuncio esta semana? ¿Digo todo lo que pienso sobre el laburo o hago buena letra para un futuro? ¿Cómo voy a pagar el alquiler? ¿Y la SUBE con el aumento? ¿Existirá alguna forma de ganar plata trabajando de lo que a uno le gusta? Me pregunto todo esto esperando que, aunque sea, los minutos le ganen a las palabras y consiga que falte menos para vestirme de esclavo y alienarme una vez más.

Los primeros rayos de luz que se filtran por la persiana empiezan a incomodarme. Sé que me van a hacer cada vez más difícil la tarea de poder dormirme. Los veo a un costado de la cama, en una de las esquinas, pero los siento en todo el cuarto y todo mi cuerpo. Es enero, hace calor y esto no ayuda. Me vuelvo a preguntar porqué me pasa esto, pero sigo sin encontrarle explicación.

Falta una hora para que llegue el momento “oficial” para levantarme de la cama. Miro el celular de reojo y espío un poco la vida de los otros una vez más. No hay nuevas “stories”, pero la “lupita” me ayuda a viajar un poco por ciudades que dudo algún día conocer. Veo a esas parejas perfectas mostrarse como si estuvieran en la tapa de la revista Gente y los nuevos “influencers” vender algún que otro producto que nunca usaría. Pero en esta instancia de insomnio, hasta lo más boludo llama mi atención y me obliga a pensar por un instante que quizás, solo quizás, necesite probar esa nueva Coca-Cola sin azúcar que es igual a la original…

El shampoo de la ducha me pica los ojos. Debería haberme afeitado, pero me colgué. Entre Netflix, la persiana, el aire acondicionado e Instagram creo que no tuve tiempo. Arrancó la insoportable rutina de todos los días con 38° de térmica. El asfalto derrite mis zapatillas y la primera gota de chivo se desliza por mis axilas. Suspiro del calor y sin pensarlo un bostezo incontenible se me escapa de la boca. Sí, que ganas de volver a la cama…

Comentarios

Comentarios