Sea cuál sea el resultado de la votación, la discusión ya ganó las calles.

A favor o en contra. En contra pero con salvedades. A favor pero respeto tu punto.

Como nunca hablamos de un tema que hasta el momento lo teníamos bien guardado abajo de la alfombra. El aborto estaba ahí pero no nos animábamos a nombrarlo.

En este tiempo escuchamos miles de casos de personas que pasaron por esta situación. Mujeres que con dolor se animaron a relatar sus experiencias. Algunas de décadas atrás y otras de hace apenas unos días. Las universitarias y las que solo llegaron a quinto grado. Las que lo hicieron en un lugar seguro y las que no. Las que estuvieron acompañadas de sus parejas y a las que sus parejas ya no les atendían el teléfono.

Abortar no es una decisión linda, es una última instancia y quién acude a ella es porque probablemente no encontró otra solución.

La discusión no es aborto sí o aborto no. Porque claramente el aborto siempre existió y existirá. La discusión es ¿acompañamos a estas mujeres o no?

Al momento el Código Penal argentino establece penas de 1 a 4 años para las mujeres que deciden someterse a un aborto. Exceptuando únicamente a aquellas cuyo embarazo fue producto de una violación o cuándo la continuidad del embarazo pone en riesgo su vida.

Con la despenalización lo que se busca es dejar de criminalizar a quiénes toman esta decisión (incluso cuando uno no esté de acuerdo) y garantizarles que puedan hacerlo con los cuidados que esto requiere.

Además, le da garantías a aquellas mujeres que sufrieron una violación y a quiénes el sistema actual defiende a medias. Según un fallo de la Corte Suprema una mujer violada puede acceder a un aborto solo si presenta una declaración jurada en un hospital denunciando el hecho. Sin embargo, muchas veces estos casos son judicializados por terceros que se oponen y termina siendo un juez el que discrecionalmente decide su autorización. Esto obliga a las mujeres a someterse a un proceso judicial que puede dilatarse y que saca un tema íntimo de su esfera privada.

Pero también, les da opción a las que ni siquiera tienen la posibilidad de escribir una declaración, las menores. Según datos de Amnistía Internacional en Argentina cada tres horas del 2017 una chica de entre 10 y 14 años quedó embarazada; y en el mismo año se registraron un total de 72.791 casos de embarazos no deseados de chicas de 15 a 19 años.

La gran mayoría de estas chicas viven en situaciones de pobreza. Muchas fueron abusadas y las que no, no tuvieron la información necesaria sobre su propio cuerpo y el cuerpo del otro. Tampoco, contaron con herramientas que les permitieran entender algunas consecuencias del embarazo adolescente como la casi inevitable deserción escolar.

Aunque en nuestro país se sancionó una ley de Educación sexual integral en el 2006 que tiene como objetivos formar en temas como prevención de enfermedades y métodos anticonceptivos para evitar embarazos no deseados, son muy pocos los colegios del país que la aplican en forma seria.

Cuando no hay información, no hay libertad.

También, existe el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable que asegura la distribución gratuita de métodos anticonceptivos. Sin embargo, hay faltantes.

La despenalización del aborto busca ser una herramienta más para un sistema en el que la educación y la prevención fallan.

Cualquiera sea el resultado de la votación, la discusión sobre el aborto ya ganó las calles y es el primer paso para sacar de la clandestinidad un tema que teníamos pendiente. Animémonos a dar los pasos que siguen.

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