Por Manuel Casado

Martes a la tarde, llueve. Venís de Capital, bajás del bondi y encarás para lo de tu abuela. Ella tiene la entrada. No hay mucho tiempo, pero igual te tomás un mate de té. Corrés tres cuadras porque ya empezó el partido. Como no vivís más en Zárate, hiciste malabares y ahí estás. La cita es en el Estadio Gigante de Villa Fox, ubicado en el barrio que más te gusta. Un lugar de edificaciones bajas, calles angostas y almacenes familiares.

Entrás. Nueve de cada diez caras son conocidas. Te pedís un chori porque el chori de la cancha no tiene comparación. Avanzás entre la muchedumbre abarrotada y encontrás a tu papá. Al rato, llegan unos amigos. La cábala de este campeonato es al costado izquierdo del arco de la calle Sáenz Peña y ahí se ubican. El césped se desarma entre el barro, hay gente hasta en los techos y balcones de las casas de atrás, entre las viejas tribunas siempre anda el pibe de las garrapiñadas. El viejo y querido Ascenso en estado puro. Ese under del fútbol que algunos sólo lo asocian con lo salvaje y rudimentario. Ustedes no. Lo aman. Les sienta bien estar lejos del show super profesional, los jeques árabes o las luces de las grandes ligas.

El resultado no se mueve. Sufrís como siempre. Pensás que esta vez no se puede escapar. El deseo se cumple. En una ráfaga, llegan los goles acompañados de la más maravillosa melodía: el festejo desde las gradas. Entonces florecen los abrazos y sus camisetas de color celeste dejan en segundo plano a la tarde gris. No hay lágrimas de dolor como hace casi un año atrás, cuando la final perdida con San Miguel fue como ahogarse en la orilla, luego de haber nadado durante todo un año. Ahora son de alegría. Termina el partido: ¡campeones! No hablamos de un club, hablamos de una ciudad.

Adentro de la cancha dan la inoxidable y añorada vuelta olímpica. Con la 9 está el ídolo de tu infancia, Javier El Negro Velázquez: capitán, goleador, emblema e hincha. “Salgo campeón con mi familia y con mis amigos”, se encargará de resumirlo después. Como él y el debutante técnico Darío El Chavo Lema, otro hijo pródigo de la casa, el resto escribe la historia. Hay varios que cargan con una larga trayectoria en sus espaldas, pero no todos. Buena parte del plantel también está integrado por pibes. Pibes que tuviste de vecinos, que fueron ex compañeros de escuela o con los que compartiste vestuario cuando aún vos querías ser futbolista. Cercanías y curiosidades que dan los escalafones bajos de este deporte. No todo está marcado por el pulso del dinero, no todo está guionado para las cámaras. Espíritu amateur, le dicen.

En los tablones mientras tanto se canta, se llora y se aplaude. Todo es respeto, todo está bien. Imposible que no sueltes unas lágrimas de emoción, de alegría. Casi la mitad de tu vida jugaste allí. Una especie de segundo hogar que tuviste que dejar cuando volviste a la gran ciudad y pasaste a dedicarte a los estudios, el periodismo y otras yerbas.

Al ritmo de la sirena del coche bomba, comienza a armarse la caravana de la celebración al centro. Vos te quedás un rato más para ver las marcas en el estadio de una jornada histórica. Justo ahí te reencontrás con tu primer maestro. Cómo olvidar al Titi Acosta, aquel que te dirigió por años en aquella Categoría 95´ de las inferiores del club. El que de chiquitito te decía que para ser un buen jugador primero hay que ser una buena persona. Le das un abrazo, te enterás que estuvo un poco jodido de salud, que ahora está mejor, hablan de los buenos tiempos, recordás esos viajes durísimos de domingo a la mañana cuando tocaba jugar en las profundidades del conurbano, los clásicos contra Villa Dálmine y seguís tu camino.

Dos décadas después, el Club Atlético Defensores Unidos –al que todos conocen popularmente como El CADU– vuelve a la B Metro, la tercera categoría del futbol argentino. “No lo tenemos a Messi, no lo tenemos a Neymar, pero lo tenemos al Negro y la vuelta vamos a dar”, celebra la muchachada a puro ingenio popular frente al palacio municipal. Es pleno otoño y llueve, pero en las calles de la ciudad el clima es de carnaval.

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