Por: Fermín Cañete Alberdi

-Buenos días, señor- saluda el tripulante que acaba de cruzar la puerta de la lujosa oficina.

-Buenos días, Ramírez – contesta el capitán, tomándose la frente con la mano cuyo codo apoya en el escritorio, con un visible gesto de dolor, que contradice sus palabras.

-Vengo a entregar el informe que me pidió- dice, mientras se ubica delante del centro del gran mueble, lleno de botones de colores.

-Diga. Por su semblante entiendo que tendrá buenas noticias. –

-Para nada, capitán- dice acomodándose su gorro  con un tono entusiasta. – ¡Los humanos son una especie detestable!-

-¡Cuide esa bocota, Ramírez! ¡No sea irrespetuoso! No sabemos si nos pueden escuchar… si tienen micrófonos… contrólese… Y sea positivo, que llevamos años en esta lata, y no quiero vivir acá para siempre. –

-Créame que estoy haciendo lo posible, señor.  Este lugar es un desastre. Además… quédese tranquilo, no tienen idea de que estamos acá. –

– ¿Que tan malo puede ser? solo necesitamos oxígeno, el resto con un poco de tiempo se consigue- sugiere el jefe, abriendo los brazos como si abarcara con ellos el lugar del que habla.

– Justamente ese es uno de los problemas, señor.  El oxígeno en este planeta está en vías de extinción. Lo único que necesitan para vivir estos tipos, además de un poco de alimento y  agua, ambos increíblemente abundantes acá, lo consumen a una velocidad tal que en solo un  par de décadas se agotará y desaparecerán sin pena ni gloria.-

– ¿Cómo dice? Eso es imposible, tienen esas cosas… que les dicen “plantas”… que se encargan de producirlo… lo vi en un documental… ¡No puede ser Ramírez! ¡No me haga desplazarlo de esta misión, se lo pido por favor! –

– Punto número uno, capitán…  esas cosas no dan a basto. Y si lo hiciesen,  ellos mismos se ocupan de aniquilarlas día a día, de a millones. –

-¡Usted está loco! ¡Para que harían eso!-

– No lo se señor. Pero es así. Son extraños. Se amontonan en determinados lugares y se exterminan solos. Es inexplicable-  argumenta Ramírez encogiendo los hombros.

– Lo de las “ciudades” si, ya lo estuve estudiando. ¿Pero cómo se van a exterminar así? No tiene sentido.-

– Lo se señor. Y sin embargo ratifico. Se matan entre las distintas aglomeraciones, también dentro de estas, e incluso individualmente a ellos mismos, envenenándose. Succionan un tubo que larga humo, toman un líquido que los enloquece y los lastima, lo que sea. Pareciera que no aprecian vida como nosotros señor. Como si quisieran terminarla lo antes posible.-

– Me duele la cabeza, Ramírez- dice el jefe revolviéndose las sienes con dos de sus manos. –Y usted me viene con estos delirios.-

– Créame señor. No quiero  preocuparlo intencionalmente, pero este planeta es exactamente como le digo. Son unos dementes. Lo único que les importa es amontonarse a gritar y matarse. Muchos años atrás lo llamaban “coliseo” y ahora lo llaman “fútbol”, pero el resultado es el mismo. Si quiere compruébelo usted mismo. Lo pasan todo el tiempo por estos “televisores”.- Explica mientras agarra del escritorio un control remoto y enciende el rectángulo gigante que cuelga de la pared.

– ¿Cómo dijo que se llama eso? – pregunta, sacando por primera vez la cara de fastidio para darle paso a la curiosidad.

-¿Televisor?-

– No, lo otro. Las imágenes que estamos viendo. –

-¿Fútbol?-

-Sí, eso…-

-Es un juego… que también carece de sentido… ¿cómo le explico?- dice tomándose el mentón. – Se dibuja un cuadrado en el suelo y la gente adentro con sus pies trata de meter la pelota en otro rectángulo de caño… y eso, es lo único que importa… pase lo que pase, el que mete la bola más veces en el “arco” gana. –

– Esta especie es rara eh… ¿O no, Ramírez?-  pregunta esbozando la primera sonrisa del día.

-Sí señor, ni lo diga.-

– Busque algo más. Algo tiene que haber. Algo con sentido, que resulte coherente para nosotros. Mézclese con ellos,  trate de entenderlos. –

-Es que… señor…- contesta con cara de fastidio.

-¡Basta! Ya recibió su orden… Y no vuelva sin el trabajo completo- sentencia el jefe girando la silla sobre su eje y quedando orientado hacia el gran televisor.

-Sí, señor- contesta revoleando los ojos mientras empieza a retirarse.

– Una cosa más, antes de que se vaya… ¿Qué más sabe sobre esto?  –  dice en voz baja, con un poco de vergüenza.

– Es un partido, Colón vs Lanús, señor. Intrascendente, que no define nada, pero en el que seguramente se insulten y agredan– dice, ya desde la puerta, listo para salir.

 

Dos días más tarde

Ramírez camina preocupado por el pasillo de circulación de la nave. No tiene nada. Ya se acostumbró a la idea de perder su trabajo, pero quisiera, al menos, evitarse los gritos de su jefe.  Llega a la puerta de la oficina y se dispone a tocar, pero  justo antes de que lo haga escucha un tremendo estruendo, como producido por un impacto. Exaltado por la preocupación abre la puerta y entra.

-¡Penal! … Ladrón, hijo de puta… ¡Penal!…. ¡La concha de tu madre!… ¡No ves nada! – grita el jefe parado en cuclillas sobre la silla de su escritorio. – ¡Mirá como me hacés poner…! –

Al costado del televisor se observa una mancha de humedad en la pared, producto de la explosión de un proyectil.

-¿Qué le pasa señor?… ¿Está bien?… ¿Algo ocurrió con la misión…?-

-¡No Ramírez! … ¡Es Furchi que me pone loco!… no puede dirigir ni un cumple de 15…- dice mientras se vuelve a sentar y se acomoda un poco el atuendo. – ¡Qué cosa! –

-¿Qué hace?- le dice Ramirez con cara de haber visto un fantasma.

-Estoy viendo San Lorenzo vs. Talleres. Estos muertos no le hacen un gol a nadie… re caliente estoy… ni me hablés…-

-Pero señor… ¿Cómo va a gritar así por esta estupidez? Además, nadie lo está escuchando–

– Y sí, Ramirez…. si usted no hace un carajo…. todo lo tengo que hacer yo… lo voy a desplazar de esta misión… por amargo y botón… –

– Señor… usted se ha vuelto loco…-

-Sí…. ¿Sabés qué?…. estoy re loco…. ¿ Y desde cúando?… desde ayer, que vi la ida de la final de la Libertadores… ¿y cómo salió, Ramirez?

– ¿Cómo señor?

– Dos a dos… ¿Dónde la viste?… Decime si en tu planeta de mierda viste algún partido así… Y los putos periodistas que decían que iba a ser trabado…jajaja- grita desencajado, haciendo montoncito con las cuatro manos. – Le voy a decir una cosa… ¡Yo no me voy sin ver la vuelta! –

-¡Señor! es un juego…- exclama angustiado.

– ¿Un juego Ramírez?…jajaja….sí, un juego… un juego que genera esto… ¿Lo ves?…. ¡Yo de acá NO… ME… VOY…!- resalta golpeando la mesa con el puño. – Andá vos, en esta lata del orto, con todos estos boludos  a buscar un planeta normal y con oxígeno… Yo me hinché las pelotas. Hace años que no sentía esto… años dedicándome a esta forrada… sin disfrutar un carajo. –

-Está delirando. Tranquilícese. Lo sedaremos y lo mandaremos devuelta señor. Es normal. La presión es enorme. Nuestro planeta depende de usted. –

– Chupala Ramirez… chupala y tomátelas… no lo vas a entender nunca. Yo me voy a quedar acá viendo fútbol, festejando y haciendo quilombo, hasta que esta mierda de planeta explote… y cuando pase… ¿Sabés que?… me voy a morir feliz. No como ustedes… ¡Ortibas! –

-No sé qué decirle señor… no lo entiendo. Si así lo quiere yo no puedo hacer nada, tendremos que irnos sin usted – dice Ramírez confundido y visiblemente emocionado. – Antes… a modo de despedida… ¿Me entiende?… por todos estos años… ¿Podré ver el final del partido con usted?…-

-¡Pero sí, Ramirez! … ¡Que tanto lamento! Acomodate papá… ¿Querés un vasito de birra?….-

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