Sacate la camiseta. Me lo repito estos días, cuando me levanto, cuando me acuesto. Es un mantra que me cuesta creer, pero que quisiera hacerlo. Cuando estoy por putear a algún dirigente, jugador o periodista, lo digo otra vez, sacate la camiseta. Cuando pienso que toda la culpa es del otro, que el mundo es binario y se divide en buenos y malos, que las piedras son peores que el gas pimienta, lo vuelvo a rezar, sacate la camiseta.

Cuando mi amigo del otro lado me dice que soy un cagón, que abandoné, y tengo ganas de cagarlo a trompadas. Cuando me sale el homófobo, el racista, el asesino, me saco la camiseta. Cuando pienso que se para el mundo, que los pobres dejarán de ser pobres, y los abusados dejarán de ser abusados durante noventa minutos, solo porque hay un partido, tengo que sacarme la camiseta.

Cuando dicen que se trata de vida o muerte, y que de ahí en más llevarás esa marca de Caín, y andarás errante porque tu equipo hizo menos goles que el otro, y la Navidad será más triste que los años anteriores, por favor, sacate la camiseta.

Cuando entiendas que todo esto es un negocio, que está manchado, que son mercenarios, que los violentos también van de traje y corbata, que las fuerzas de seguridad los escoltan a ellos, que es un circo romano donde sos el pichón de león, sacate rápido la camiseta.

Cuando tu conciencia esté tranquila porque vos no mataste a nadie o no tiraste ningún cascote, acordate de lo que cantás, de lo que puteás, de lo que sesgás, y sacate esa tranquilidad inconsciente. La violencia es mucho más que veinte tipos bombardeando un bondi. Se esconde en los micrófonos, en los vestuarios, en las redes sociales, en las oficinas, en las instituciones, y sí, también en las camisetas de los clubes. Así que por favor, sacatela.

Cuando prendas la tele buscando excusas, o te ampares en Twitter o vídeos de Instagram para mostrar en esa Corte improvisada que vos tenés razón, que se ve claramente, que el otro la cagó, que el otro es puto, vigilante, boliviano, judío, hijo de puta, que es amigo de la FIFA, la AFA, la Conmebol, la policía, que se chupa la pija con otras hinchadas, que lo querés matar de manera figurada y literal, que lo esperás en las esquinas, en las pantallas y en las tribunas, que deseás que se acabe el mundo para él, ella y su familia; sin dudas, sacate la camiseta.

Cuando hacés todo esto, y tenés a tu hijx, o sobrinx, o cualquier pibe a tu lado mirándote, absorbiendo cada letra de odio que escupís, por favor, callate la boca y sacale la camiseta.

Cuando tu día se resuma en un loop interminable de noticias y declaraciones necias, en un bombardeo asqueroso de comunicadores despiadados, en una vigilia a la espera de algo que pisotee al enemigo; espero poder decirme, y decirte, que te vayas a una plaza, una cancha, un patio, o un jardín, a patear una pelota. Y que además, aproveches el sol, el calor, y te saques de una buena vez la camiseta.

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