Por: Vanesa F. H.

Hoy el diario también habla de mí, de mi historia y  la de los míos.

El diario no solo habló de mi olvido y el recuerdo de la horrible escena de un hombre once años más grande que yo entrando a mi cama en plena noche cuando yo tenía nueve.

El diario hoy también habló de que a veces la única manera de sobrevivir es olvidar y del traumático proceso que significa recordar la escena diez años después.

Habló de lo largo y solitario que es este proceso. Habló de mi tristeza, de la angustia y de los días en los que pensé muy seriamente que en este mundo era mejor no estar. Me trajo de vuelta a toda la gente frente a la que lloré en las calles y transportes públicos porteños en los momentos en los que la imagen se repetía en mi cabeza una y otra vez, llena de colores, muy vívidos, brillantes y horribles.

El diario hoy habló de la vergüenza y la culpa que me dio contárselo a mi psicóloga por primera vez. Eso fue una semana después de que, de la nada, un día manejando por Belgrano el recuerdo viniera de nuevo a mí y ya no me lo pudiera volver a sacar. También el diario me devolvió el abrazo que ella me dio y lo cuidada y protegida que me sentí.

Mientras Thelma en el diario hablaba como yo, personajes como Gastón Soffritti y Griselda Sciciliani decían lo mismo que mis papás, “no entiendo cómo no me di cuenta antes”, “de verdad nunca se me hubiera cruzado que algo así te podía pasar”.


El diario, hoy, en la voz de Eva de Dominici también me habló de lo difícil que fue para mí cambiar la mirada y la imagen que tenía de quienes mis padres eligieron para que “cuiden de mí” y lo difícil que es denunciar y hablar cuando alguien es tan cercano.

Hoy el diario me hizo acordar de lo horrible que es no poder hablar ni respirar. Pero también de  lo liberador que se siente elegir dónde hacerlo y con quien y entonces las actrices argentinas representaron hoy cada conversación que tuve con cada una de mis amigas, primas y tías cuando elegí contarlo. La respuesta y el abrazo de cada una, incluso compartir el llanto. De todas me acuerdo el lugar, la conversación y las palabras que me dijeron, ¡gracias por eso!

También el diario hoy habló del día que mis hermanos lloraron cuando lo escucharon y cuando mis papás vinieron a hablar con mi psicóloga porque yo no podía hablar de lo mucho que lloraba.

Hoy volvió el dolor que me provoca volver a la casa de mis papás en mi ciudad y al campo de vacaciones porque siempre significa recordar en color.

También volvió el miedo que me genera estar en la misma ciudad que él porque, al menos una vez por mes, desde hace 7 años pienso ¿qué haría si hoy me encuentro con el forro que me abusó cuando yo tenía NUEVE? y no encuentro la respuesta, pero todavía, veinte años después de que eso pasó y sabiendo que tengo la fuerza capaz de matarlo si quiero, tengo miedo y prefiero que eso nunca pase.

Hoy volví a pensar en todos los efectos que todavía, veinte años después, siguen acá. En lo incapaz que soy de enamorarme de un varón por el odio que tengo y en el miedo que me da perder mi libertad, mi voluntad y mi ‘yo’ por amar. En cómo siempre prefiero salir por primera vez y nada más, o en lo que me agobia pensarme madre, porque aunque creo que soy muy buena con los pibitos no me siento capaz de cuidarlos de que estas cosas horribles les pasen; y porque me da miedo criar, sin querer, a un machito de mierda más.

Escribo hoy porque los diarios también hablan de mí, de mi historia y la de los míos.

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