“Quiencontrola el pasado controla el futuro,

quien controla el presente controla el pasado”

1984- George Orwell

 

“La información es poder” me dijo una amiga cuando se enteró que su jefe andaba de trampa. Nunca supe que hizo con esa información, si la uso para ejercer un poder tiránico o uno benévolo. Lo que si se, es que no se equivocaba: quién más información acumula más poder tiene. Y, quién mejor sabe procesar, organizar e interpretar esa información se vuelve omnipotente.

Eso mismo hacía El Gran Hermano, no el de Gastón Trezeguet sino el de 1984, la novela de George Orwell. En este libro todos los seres humanos pierden su intimidad e identidad. Con la excusa de conseguir un supuesto bien común y proteger a todos de todo, los movimientos de cada persona son registrados por el Estado a través de cámaras y micrófonos que están instalados en cada casa y esquina. Además, para que todos persigan los mismos propósitos, cada día les llega un reporte con noticias previamente adulteradas por el Ministerio de la Verdad.

Cuando Orwell escribió esto en 1949, nunca se imaginó que 60 años más tarde los Estados no iban a necesitar imponer a la fuerza cámaras en las casas, sino que serían las mismas personas las que iban a elegir por su propia voluntad llevarlas consigo a todas partes y sin que nadie las obligue.

En el momento en que escribo esto en el celular, la cámara del mismo apunta a mi cara y su micrófono amenaza con prenderse si solo le digo “Hola Siri”.

¿Quién iba a creer que el verdadero Gran Hermano iba a tener un nombre tan inofensivo? ¿O que los Estados omnipresentes se iban a transformar en empresas hiper cool?

Sin darnos cuenta, o sin tomar conciencia de sus riesgos, segundo a segundo le estamos dando a un grupo de empresas nuestros datos más íntimos. Lo que comió tu bebé, la cantidad de minutos que pasás mirando las fotos del pibe que te calienta, a qué hora te despertás, por qué calles caminás, la bronca que te da las decisiones de un político o como te cagás de risa con los videos de un youtuber.

Todo eso y mucho más saben de nosotros empresas como Google y Facebook. Y están aprovechando esa información para hacerse hiper poderosas.

¿De qué hablo?

Facebook es la dueña de Instagram, Whatsapp y Messenger. Entre las cuatro apps suman 6 mil millones de usuarios aproximadamente, casi el total de la población mundial. Está valuada en 83.202 millones de dólares, la séptima empresa de mayor valor en el mundo.

Google es otro monstruo, quizás peor. Además del buscador, es dueño de Youtube, Gmail, Drive, Whaze, Chrome, Google Maps, Ad Sense y Android (el sistema operativo que tienen más de 2 mil millones de celulares). Es la tercer empresa más valiosa del mundo por 142.755 millones de dólares.

El ranking de las empresas más valiosas lo completan Amazon (1°), Apple (2°), Microsoft (4°), Samsung (5°) y AT&T (6°). ¡Sí, todas empresas con capacidad para recolectar información!

 

¿Cuánta guita te cuesta usar Google? ¿Cuánto pagás de suscripción por Facebook?

¡CERO!

Entonces, ¿Cómo pueden valer tanto si son gratis?

Aunque no les des guita, les das algo más valioso: tus datos. La canciller alemana, Angela Merkel, dijo hace poco: “la materia prima del siglo XXI son los datos”.  

Hoy tu información es tan valiosa como en otros siglos fueron el petróleo o el cereal. Estas empresas, como otras (Microsoft, Apple, MercadoLibre, Despegar, etc), procesan todos los datos que minuto a minuto subís a internet y los venden. La mayoría de las veces lo hacen a anunciantes, es decir a empresas. Por eso, cada vez que escribís algo en alguna de estas plataformas o pasás caminando por algún negocio al segundo te aparece un aviso.

 

“¿Qué te pareció el helado de Luccianos?” me pregunta Google haciéndose el simpático

“Está sobrevalorado… Pero ¿Cómo sabés que estuve ahí? Y además, ¿Qué carajo te importa?” me gustaría repreguntarle.

 

En Argentina y en casi todo el mundo, no hay leyes que regulen lo que las empresas pueden hacer con los datos que recolectan de nosotros. Los únicos que avanzaron en esto fueron la Unión Europea y California. Lo hicieron después de enterarse que además de usar nuestra información para vender helado, las plataformas también se la venden a los políticos.

Tras la última elección presidencial en Estados Unidos, salió a la luz que la consultora política Cambridge Analytica tuvo acceso a 50 millones de perfiles de Facebook y operó sobre cada uno para intentar torcer y condicionar su voto. Por todos los datos que Facebook tiene sobre nosotros, se puede armar un perfil bastante real sobre cada uno y en base a eso darnos una determinada información (la mayoría de las veces falsa) para influenciarnos. 

Por ejemplo, a muchos cristianos les llegó la información de que el Papa Francisco apoyaba a Trump y a muchos negros que Denzel Washington también iba a votar por él. Las dos cosas eran mentira. 

Esto se sumó a lo que Edward Snowden, ex técnico informático de la CIA, reveló en el 2013. Snowden desclasificó una serie de documentos que probaban que el gobierno de Estados Unidos tiene acceso a todos los datos que las personas suben a redes sociales, buscadores, mails, chats y teléfonos de empresas norteamericanas, osea casi todas. (Mirá el documental Citizenfour).

¿Da miedo, no?

El gobierno y los políticos de Estados Unidos no son los únicos que usan las redes para su favor. Una investigación del Folha de Sao Paulo en Brasil reveló que empresarios pro Bolsonaro difundieron por Whatsapp varios mensajes con información falsa de Fernando Haddad, el candidato opositor. Dijeron, por ejemplo, que había escrito un libro que defendía el sexo entre padres e hijos y que pensaba repartir “kits gay” entre los chicos de seis años.

Nadie puede probar qué efecto tuvieron estos mensajes. Lo que si se sabe es que se mandaron 1.000 por día y que Bolsonaro terminó ganando.

Este año en Argentina tenemos varias elecciones por delante. No se como vienen sus redes, pero las mías dan asco. Cada mañana veo fotos de uno y otro lado con frases falsas o sacadas de contexto para intentar calar en mis emociones más íntimas.

¿Hablamos de estrategias nuevas? No, la recolección y manipulación de los datos es histórico. Pero, nunca existieron herramientas que puedan a la vez recolectar muchísima información de una persona y a la vez enviarle mensajes hechos a medida.  

A diferencia de otros medios, en redes sociales y buscadores es casi imposible auditar la veracidad de toda la información que ahí circula y desmentirla antes de que se vuelva viral.

Nadie puede asegurar que las decisiones que tomamos estén condicionadas únicamente por los mensajes que recibimos. Pero, sí es posible pensar que si solo nos llegan los mensajes que queremos escuchar probablemente nunca nos molestemos por constatar su veracidad.

¿Contradecirías a alguien que te dice que sos bueno, lindo e inteligente?

Es imposible volver el tiempo atrás y arrebatarle a las plataformas toda la información que tienen de nosotros. También, es muy difícil dejar de usarlas. Podés borrarte de Facebook o dar de baja Gmail pero no vas a dejar de hablar con tus amigos por Whatsapp o hacer una búsqueda en Google. Y aunque tengas la voluntad de hacer todo esto, en algún momento vas a ser tentado por una nueva plataforma que en apariencia parezca más buena que las demás.

Lo que si podés hacer es tener cada vez más información sobre lo que estas empresas hacen y así, aunque sea, tener un poquito más de control sobre ellas.

Por que, como dijo mi amiga, “información es poder”.

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